¡Ya te pasaste! está muy bien eso de confiar en ti y contarte algunas cosas, ¿pero eso? ¡que vergüenza! (creo que estoy exagerando, que me diga el que lo lea)
Mi papá, mi abuela y yo estabámos hablando de política mientras esperábamos a que llegara la comida, el tono de voz de mi papá cambió súbitamente al igual que su expresión, y me dijo:
-Bueno, si tú quieres quedarte aquí, quédate, pero después no digas que yo no te dije que te fueras conmigo.
Todos callados, y él mirándome, le digo que por qué me ve tanto y se quedó callado, después, al rato dice:
-Que boca tan bonita tienes carajita (sí, así de lindo)
Yo me quedé callada como la primera vez que me lo dijo cuando fuimos a la playa, y como se dió cuenta de que no sabía que decir, creyó que iba a hacerme hablar y entrar en confianza con esta pregunta:
-¿A cuántos novios has besado?
¿Mi cara? indescriptible, pero le respondí rápido:
-¡¡A ninguno!! ¿Qué? ¿por qué me miran? -acto seguido, me escondí detras de la servilleta-.
-No te escondas, eso no tiene nada de malo, la única condición es que no lo hagas en mi cara.
-Pero... pero...
-No carajita (otra vez esa palabra), a cada cochino le llega su sábado.
Mi cara al escuchar esa frase, al escuchar que se refería a mí como un cochino al que le va a llegar su sábado: ¡no tiene precio! (sí, ya se que se supone que tengo que poner algunos objetos que esten relacionados a la escena con su precio, pero en realidad no tengo que poner), sólo espero que mi "sábado" no sea tan lindo como esa frase.